Mi obra se construye desde la observación del entorno que me rodea: las calles vivas de la ciudad y los paisajes serenos del campo. Pinto en acuarela porque en su transparencia encuentra un lenguaje honesto, capaz de capturar tanto la intensidad de la vida urbana como la calma del mundo natural.
En mis paisajes urbanos exploran la mezcla entre urbanismo y arquitectura que caracteriza a Guatemala. Mis pinceladas narran el diario vivir de nuestra gente: la rutina de quienes trabajan, los desplazamientos en medio del tráfico, la energía incesante de la ciudad capital. Cada trazo busca invitar a la reflexión sobre la belleza que se esconde en medio del caos, a detenernos un instante y descubrir que, incluso en la agitación, existe armonía y poesía.
Por otro lado, mis paisajes de campo son un homenaje a la naturaleza y la cultura de nuestra gente. En ellos retrato la tranquilidad de la vida rural, la nobleza de sus habitantes y los cambios sutiles pero profundos de las estaciones. Estas obras evocan la paz de los espacios abiertos y nos recuerdan que no se necesita mucho para vivir plenamente: basta con apreciar la tierra, las raíces y la calidez de quienes la habitan.
Mi obra es, en esencia, una invitación a mirar con otros ojos. A reconocer que tanto en la vida urbana como en la rural existen historias que merecen ser contadas, y que en cada una de ellas se refleja la identidad y el espíritu de Guatemala.
- Marcos Batz